Confinamiento & Amor
Poemario del Vate de la Residencial San Felipe
BRUNO MENDIZÁBALCONFINAMIENTO & AMORPOESÍA PERUANALITERATURA LATINOAMERICANA
La Strada Editores
3/19/202612 min leer


Un corazón aislado
PRÓLOGO
Genuino lírico de la parquedad y la melancolía, Bruno Mendizábal es también un creador que ha logrado lo que pocos colegas suyos consiguen: hacer de su yo poético un personaje reconocible.
Desde San Felipe Blues (1999, 2004), su libro más hermoso, Mendizábal ha edificado una figura ya familiar para los lectores locales de poesía: la del asceta recluido entre los muros de la residencial San Felipe (paraíso mesocrático edificado por el primer belaundismo en los años sesenta, y que en su tiempo era símbolo de modernidad), la del ser un detenido en el tiempo, que decidió seguir siendo joven en algún momento de los ochenta, y que no ha cejado en su empeño de rehuir la adultez; la del solitario que, acodado en medio de pasadizos, gradas y ascensores, mira pasar a chiquillas alegres, eternos muchachos y habitantes de la noche como Milner, el guardián del edificio al que le dedicó un memorable poema.
Ese personaje recorría los breves y redondos poemas de San Felipe Blues, nutriendo sus versos de una lúcida ternura, brindando sentencias de agridulce autorreconocimiento, al mismo tiempo que su arte menor, proclive al epigrama, componía retratos de un prójimo presto a entregar verdades sencillas con su sola presencia.
El libro fue un pequeño suceso; después llegó una secuela, Otras canciones (2005), y luego de un periodo de silencio Todos estos años (2017), cuyos poemas conforman una mirada hacia el pasado, cuya calidez suprimía cualquier matiz de resignación o arrepentimiento ante lo perdido o lo inasequible. Este poemario remarcaba los restringidos temas de Mendizábal, pero estos eran tratados con una serena madurez contemplativa distinta a la jovialidad que San Felipe Blues rezumaba en varias de sus composiciones. Por ejemplo, el tema amoroso, tratado ya no con la pasión del muchacho que merodea por las máquinas de pinball, sino con templado aliento cercano a Ernesto Cardenal: «En mis viejos libros de poesía/ que sólo leo parcialmente/ está una parte de mí/ que también es una parte de ti/ de este poema sobre ti/ que aún estoy escribiendo».




Seis años después, Mendizábal regresa con un libro cuyo título es toda una declaración de principios: Confinamiento y amor; título desnudo de imágenes o alegorías, que va directo al grano, como suele ocurrir con su poesía. Si Todos estos años es el libro de la madurez de nuestro autor, este puede leerse como una declaración acerca del deterioro y del desengaño que emboscan a los hombres pasada la cumbre de la vida.
El volumen está divido en dos apartados. El primero, «El incansable yo», me parece el más logrado y sugestivo. Desde el título se adivina la pretensión de trajinar una ya castigada visión autorreferente, de obligar a salir al ruedo a ese yo poético tan distinguible y particular. Y es así, pero este yo resulta interpelado desde otras condiciones y circunstancias más duras, más propicias al desaliento. El poeta lo establece desde los versos que sirven de pórtico: «La noche se va desvaneciendo / Y mis discursos / Son lo único que me han protegido / De este mundo / Que quiere verme rendido. En esta serie de textos concisos hay una proclividad por enunciar el menoscabo de los objetos, el deslustre de lo que alguna vez esplendió, los rigores del tiempo minando los cuerpos y en las mentes: Mi cama está vieja y me gusta, / No para dormir, / Está adecuada para leer. / Mi escritorio sólo sirve / Para guardar poemas. / Miro mi sucia laptop / Como todo el cuarto; Y sé que me hará dichoso / Curando mi rancia alma; En mi casa vivo / En mi casa habito / Y veo entre los trastos viejos / Mi ropa sucia / Tantos libros intocados / Mis sueños reiterativos / Que jamás se realizaron, entre otros varios ejemplos».
Este escenario de objetos desvaídos y de descuido material, es una alegoría de la esencia espiritual del autor, que nunca se había mostrado tan reacia a cualquier ilusión o esperanza. Cierto que su discurso anterior albergaba el malestar de no integrarse a la sociedad como un ciudadano serio, utilitario y práctico, pero nunca ese prurito había sido expresado con tanta aflicción: «El no haberme graduado / El no haberme casado / Han dejado en mí un vacío / Y hoy vago por las calles / Tratando de llenar esas carencias. / Debo dejar de culparme / Hasta perdonar a mi pobre alma».
Ni siquiera la sexualidad, en sus otros libros tan sublimada, resiste aquí el peso de la realidad adversa: el sutil erotismo de sus entregas pretéritas muta en un fetichismo sin afeites, reducido a una lúbrica constatación de escenas privadas: «Quiero ver tu ropa interior / Porque tu ropa exterior / Me ha agotado; En tu ausencia de la mañana / Dejarás la televisión en cualquier canal / Y revisaré tu ropa / La olfatearé por largo tiempo / Pretenderé obviar tu huida / Sé que no te has ido / Toda la casa huele a ti / Especialmente yo». En sus mejores tramos, estos poemas plasman, a través de imágenes sucintas y certeras, esa cotidianidad marchita, cubierta por un relente de angustia implícita y de puntuales instantes en los que el alivio de las mínimas necesidades humanas del día a día -el corte de pelo, el coito ocasional- ha reemplazado cualquier forma de plenitud. Todo esto recuerda la postura vital de otro poeta epigramático, poeta del amor sensual por excelencia: el insaciable Sandro Penna.
La segunda parte, «Bendito amor», pese a su título, prosigue con la andadura desencantada de los poemas precedentes. En lo que se refiere a las relaciones humanas, el yo poético pasa del ascetismo a una soterrada misantropía: «Gente de cada momento / con la que intercambiamos / Miradas fugaces, precarios holas / Son tantos que al final / Quedamos agotados». Esa condición aislada, como todo lo que no tiene contacto con los otros, enturbia el espacio interior del poeta, quien reconoce el irresuelto estancamiento de su desarrollo emocional de esta manera: «Está sucia mi chaqueta / La debo llevar / A la lavandería. / Más contaminada / Está mi alma / Y no sé dónde llevarla». Sin embargo, el motivo principal son las cuitas de un solitario que podría decir lo que en su momento otro solitario proverbial, Juan Gonzalo Rose, escribió: «Y busco amor / como en todas las noches de mi vida».
El asunto de la pandemia y el enclaustramiento es decisivo en este aspecto; entre los poemas que tratan dicha coyuntura, me quedo con este que, en apenas tres versos interrogativos, resume de manera más diestra que cualquier otro esa sensación de incomunicación y de miedo a la enfermedad y a la muerte, transfigurados en un prójimo latente: «¿Cómo nos vamos a besar sí llevamos máscaras? / ¿Cómo nos vamos a abrazar en medio de esta peste? / ¿Cómo nos vamos a amar si la pasión es hoy sólo un espejismo?».
En alguna ocasión sostuve que era admirable cómo Bruno Mendizábal, un poeta de temas escasos y de un mundo propio tan circunscrito, pudiera, con tan pocos materiales, sorprender a sus lectores en cada uno de sus libros. Confinamiento y amor no escapa a ello. Estamos ante la expresión convincente de un creador que no cede ante la impostura ni la retórica aprendida: en cada una de sus composiciones arde una verdad sencilla, vibrante y por lo tanto inextinguible.
José Carlos Yrigoyen - Junio 2024
Prólogo de Confinamiento & Amor (La Strada Editores, 2024)


Introito de la memoria
Escribe: José Carlos Picón
Una semilla de melocotón húmeda, brillante, aún con carne frutal, perdiendo agua mientras suenan jazz, blues, rock, psicodelia y sus fusiones. Algo de progresivo, los italianos de Banco del Mutuo Soccorso, también canción italiana romántica, o cualquier «curiosidad» que encontraba. Una vez me prestó un vinilo de un ensamble de seis o cinco músicos franceses, no recuerdo bien, reunía piezas electrónicas diversas, eran duras, atonales, un laboratorio sónico entre músicos académicos, bien al traje y serios de los años cincuenta.
Bruno Mendizábal, quien acaba de publicar Confinamiento & Amor (2024) con la entrañable editorial La Strada, ha estado acompañado siempre de música. Y así alternábamos, a veces, leíamos algo de poesía, tomando un lonche, seguramente con bizcochos, pan de yema y té, o leche chocolatada. Siempre con el progresivo italiano nuevamente, Deep Purple, Sabbath o King Crimsom. Son los sonidos de ese departamento de la residencial San Felipe en el cual todos hablaban de una zona de su circunstancia, pero todo tan ligero y divertido.
Bruno Mendizábal estaba ahí y en ese espacio había conversado con seres humanos de distintas especies, oficios, temperamentos. Y caminó en círculos la mayoría de las veces, y fue estrafalario, tuvo minutos de locura. Un poeta sencillo, que ama las palabras, que compone canciones, versos transitados por todas las ansiedades ilustradas con el recogimiento de la tranquilidad y la sonrisa.


¿Qué es? Poesía
En ese entonces, y en este libro, desfila por terrenos simples y cotidianos, molestos, absurdos de la vida. Evalúa el tiempo tirado a la basura y las resignificaciones de distintas culpas. Un remordimiento por entidad propia. Sus versos resguardan esta violencia pasiva, esta poesía caótica y musical. En tanto, claro, conviven con la inocencia, la ternura, aquello adolescente que es renuente al archivo. Mas bien, la claridad iba creciendo junto con la naturaleza naif de los sentidos y los sentimientos vinculados a frágiles estadios en el seno protector del hogar como recinto de la memoria familiar, de igual manera la presencia de la madre, el recuerdo del padre profundiza una realidad íntima angosta, precaria, dispersa; Bruno es soltero, pero valora el amor y el entendimiento en una familia, de cualquier forma esta familia esté compuesta.
Confinamiento & amor reúne 60 poemas distribuidos en dos partes: «El incansable yo» y «Bendito amor». Composiciones concisas, francas, nada crípticas ni barrocas, la saliva del sentido. Hay un alma de rockero, de compositor antisistema. Sus poemas funcionarían perfectos si son musicalizadas. Oralidad y conversacionalismo mixtificados, embutidos de filosofía cotidiana practicada por un observador sensible. Su barbada titularidad no goza de diplomacia, no es embajadora de su condición o de su forma de estar en el mundo. Su sencillez en el vestir, el estilo del patita que pasa por allí, ahora más canoso, achacoso, adolorido, más frágil.
Este patita observa y recorre, con los ojos alegóricos y tristes a la vez, vestido de sonrisas, jeans, camisas, un polo de algodón, un incansable yo de San Felipe. El ahora «tío». El siempre poeta, digno cantor de los relatos de su propia mítica saga. El poeta que nadie reconoce y que todos saludan. El que ríe en voz alta o te habla sonriendo sin medir lo confuso de la separación de códigos para ejercer dos historias. Versos de tinta en cuadernos, hojas bond mecanografiadas con violencia en una vieja máquina polvorienta, tan suya en aquel momento, un compás y complemento.


Versos de San Felipe
El decir cosas de memoria, desdibujando, añadiendo, contando subhistorias, es un acto de persuasión. También de contención ante el peligro de la verdad, vestida de mentira o de las emociones escondidas bajo el lino de los pantalones o en el polo piqué del olvido. Es que, Bruno va derecho a delatarse con pureza. Aquel que nunca se llenó de un fango repetitivo, jamás conocerá el argot de su viscosidad. Y hablará de otra manera, como si viniera de un barrio diagonal a miles de años luz de distancia. A título personal, alucino que los versos aluden a su realidad de barrio, de la geografía espacial e íntima que lo acoge: San Felipe.
«La noche se va desvaneciendo / Y mis discursos / Son lo único que me han protegido / De este mundo / Que quiere verme rendido». Vistos con esquemas reforzados de interioridad reflexiva, pueden constituirse en laboratorios involuntarios, en desgarradoras escenas y palabras, en golpes o iniciadores de llantos leves pero sólidos.
Así va, con confianza temblorosa, «Si clonazepam y Valproato / no fuesen mi horrísona / y diaria proteína / buscaría otro barrio / donde esconder mis penas / Caminaría soñando con la vida plena / pese al jazz y al cine». Mientras tanto, la figura de la muchacha va transformándose en lo alegórico, incluso algo honorado debido a la irradiación de la divinidad. «Por los rumbos más fecundos / He de hallarte / Muchacha de alegrías internas / Que llegaste al mar / A parir un niño incierto».
Qué valoración obtiene la muchacha: «Sin ti no soy nadie / Y aunque te tendiese la mano / En busca de amistad / Tenue y dispersa / Nadia, siempre aspiraré a tu camino / Aunque sea una inútil fantasía». En tanto, las referencias infraestructurales, las escenografías urbanas, el cemento, las edificaciones: «Te vas a morir / Con una larga agonía / En medio de pasadizos / Gradas y ascensores».


El poema a su madre es de una factura ensombrecida, luxada de belleza. La muerte y la enfermedad circulan, son climas que contrastan con la transparencia del sentir de Mendizábal, de su síntesis emocional que funciona como filtro frente a la realidad, con su lenguaje transparente. En los matices de la composición hay espacio para guiños fantásticos, están presentes las alusiones a lo mágico en tanto maravilloso, un evento de luz. Cada poema se debe a sí mismo y a la experiencia más cercana y directa de Mendizábal: «Abro libros nuevos / Los hojeo, leo una parte / Me deshago de ellos / Hasta en eso / Soy definitivo». Existe un pequeño conflicto sobre su condición estoico adolescente que él mismo a aceptado. Le molesta menos que le divierte esta dejadez, repetitividad, insignificancia.
Ciertamente, cuando aludimos a la paz que el autor utiliza de determinada forma, no significa que no padezca de ansiedades o como dice en el poema del que hemos hablado, el dedicado a su madre, «Y en mi obsesión desbocada / Quise crear mi propia oda». En Bruno viven varios. Compagina sus estados, impulsos, serenidades, humores. Y sigue mirando, con detenimiento, además, y con risa, con curiosidad, como un niño podría hacerlo, con los millones de preguntas que hay detrás y que jamás mencionará.
Muchos de los textos de Mendizábal parten de un planteamiento subjetivo, una pregunta sobre el origen de las cosas, sobre la naturaleza de las relaciones sociales: «Gente de cada momento / Con la que Intercambiamos / Miradas fugaces / Precarios holas /Son tantos que al final / Quedamos agotados». El cansancio, agotamiento que colma la vida de Mendizábal es latente. Es un agotamiento de orden emocional, existencial. Un cansancio de tener que responder acorde a lo que dicta un supuesto orden. Un eterno adolescente.
Por último, discrepo de Yrigoyen o, al menos, en su forma de enunciarlo, cuando señala de Bruno que es «un poeta de temas escasos» o que es de sorpresa que «con tan pocos materiales» encandile a sus lectores. Creo que quiso decir que el autor hace vigente aquella manera de vivir simple, sin complicaciones frente a la adultez operativa e inminente por decisión propia, y esto es lo que expresa en su trabajo. En lo que sí estoy de acuerdo con José Carlos, es que, en cada una de las composiciones de Bruno, «arde una verdad sencilla, vibrante y por lo tanto inextinguible».
Publicado en Círculo de lectores - Septiembre 2024
https://circulodelectores.pe/bruno-mendizabalversos-eterna-adolescencia/

Videoreseña de Confinamiento & Amor
por: Jaime Cabrera, para Lee por gusto
FIL Lima 2024


PREMIOS LUCES DIARIO EL COMERCIO
Nominados Mejor Libro de Poesía 2024
-El libro aún no escrito sobre las mariposas:
(Vuelus interruptus), de Julia Wong
-4799 pulsaciones por hora, de Oswaldo Chanove
-Chifa de Lambayeque, de Mirko Lauer
-Confinamiento & amor, de Bruno Mendizábal
-Cuaderno de debilidades, de Carlos López Degregori
-El vértigo de las luces amarillas, de Enrique Sánchez Hernani
-Entonces, de José Cerna Bazán
-Hija de vecinos, de Ana Carolina Quiñonez
-Jardín de uñas, de Jorge Pimentel
-La máquina de limpiar la nieve, de Rocío Silva Santisteban
El video destaca el lanzamiento de Confinamiento & amor, poemario de Bruno Mendizábal para la FIL de Lima 2024, publicado por La Strada Editores [00:09].
Cabrera subraya que esta obra marca el regreso del autor tras su recordado éxito con San Felipe Blues [00:19]. La estructura del libro se divide en dos secciones que exploran la cotidianidad y la reflexión profunda surgidas durante el periodo de la pandemia [00:40].
A través de la lectura de los primeros poemas, como "Una noche más" y "Insight 1", la reseña muestra una poética donde el refugio en las palabras y la mirada introspectiva sobre el propio entorno —desde el cuarto del poeta hasta su "carácter desmesurado"— se convierten en los ejes centrales de la obra [01:44].
Publicado en: http://www.youtube.com/watch?v=RMT-RqyigT4
